Agua buena

Agua buena

El cuerpo humano contiene al rededor de un 70% de agua, al igual que nuestra tierra, muchos animales y plantas. El agua nos rodea por todas partes. Lagos, ríos, océanos y lluvia. Pero también estamos constantemente rodeados de agua en nuestra vida cotidiana. Ducharse por la mañana y luego ponerse el café. Tirar de la cadena, lavarnos las manos, usar la lavadora y beber un vaso entre medias. El agua es omnipresente, seamos o no conscientes de ello. Sin embargo, la mayoría de la gente desconoce por completo lo importante que es un agua buena y sana para nuestra salud y el papel que desempeña el agua en los procesos propios del organismo.

El agua, fuente de vitalidad

El agua desempeña en nuestro organismo funciones que ningún otro líquido puede realizar. El agua buena tiene la capacidad de penetrar en todas las células del cuerpo y regular así todos los procesos vitales. El agua es el material de construcción más importante y garantiza, por ejemplo, que nuestro sistema cardiovascular, nuestra digestión y nuestro metabolismo funcionen correctamente.

El agua sirve de medio de comunicación y transporta oxígeno y nutrientes a los órganos y sus células, ya que tres cuartos de la sangre se compone de agua.  Al mismo tiempo, vuelve a transportar los "residuos", es decir, las toxinas, fuera del organismo en forma de orina o sudor, por ejemplo.

El agua también es responsable de nuestra conciencia y hace posibles los procesos de pensamiento, los sentimientos y los estados de ánimo. ¿Sabías que nuestro cerebro está formado por un 80% de agua? El agua de nuestro cuerpo contiene toda nuestra información mental y física. Por tanto, el agua tiene funciones muy versátiles y es indispensable para una vida y un cuerpo sanos.

Carencia de agua - Una enfermedad de la civilización

Por desgracia, hoy en día la mayoría de la gente ya no tiene un sano sentido de la sed. A esto se añade el aumento del consumo de bebidas dulces como los refrescos y los zumos y el consumo de bebidas alcoholicas como la cerveza y el vino. Sólo quienes suministran suficiente agua a su cuerpo protegen las importantes funciones de los órganos y se mantienen en forma. Pero, ¿cuánta agua es suficiente? La mayoría de la gente bebe demasiado poco o ni siquiera sabe cuánto necesita realmente su cuerpo. Por tanto, la regla general es: 30 ml de agua por kilogramo de peso corporal. Por tanto, un adulto debe beber entre 2 y 3 litros de agua al día.

Por regla general, el cuerpo humano no puede pasar más de tres días sin agua. Incluso una pérdida de líquidos del tres por ciento conlleva graves limitaciones en el rendimiento físico y mental. Esto demuestra lo importante que es el agua para nosotros. Así que ya ves lo importante que es para tu salud disponer de suficiente agua de calidad.

Ahora llegamos al verdadero problema: No toda el agua es "buena"

Si bebes agua de un arroyo de montaña, notarás lo maravillosa que sabe y lo refrescante que es para el cuerpo. Toma esa misma agua y fuérzala a través de bombas y kilómetros de tuberías. Aunque químicamente sigue siendo la misma agua que sale del grifo, esta cambiada. No tiene vida, su sabor es soso y de refrescante le queda poco, ni siquiera al bañarse o ducharse. Al permanecer muchas horas estancada en las tuberías pierde vitalidad y frescura por la falta de movimiento. Al abrir el grifo la columna de agua avanza un poco y vuelve a quedarse estancada. Como consecuencia acumula sustancias de las paredes de las tuberías. Ademas el agua está expuesta a influencias de contaminantes y a la radiación.

¿Hay una forma de limpiar y revitalizar el agua del grifo?

En nuestro planeta circula la misma agua desde hace millones de años. No se sustituye, sino que experimenta un asombroso proceso de regeneración una y otra vez. El agua, por tanto, no muere del todo, sino que se recicla y revive constantemente a través de los procesos de la naturaleza.

¿Pero que entendemos por agua buena?

¿Acaso el agua no es sólo agua? ¿Y el agua del grifo no es "buena"? Hay una respuesta muy clara a esta pregunta: "¡NO!" Agua no es igual a agua. Debido a su diferente composición puede saber dulce o amarga o incluso salada. En el agua puede haber más que solamente agua. Nuestra agua de grifo por ejemplo puede tener ingredientes como:

  • Metales pesados como plomo, cadmio y mercurio y otros metales tóxicos como aluminio
  • Sustancias (neuro)tóxicas
  • Residuos de medicamentos y hormonas
  • Microplásticos
  • Plaguicidas como la bentazona, el metalaxil y el isoproturón
  • Bacterias y gérmenes como escherichia coli, legionella o enterococos

¿No suena ya súper sabroso y totalmente sano? Y eso es sólo una fracción de los ingredientes en nuestro agua potable.

Esto no significa que todos los metales pesados sean perjudiciales para nuestra salud. Algunos incluso son esenciales. Una carencia de hierro, por ejemplo, provoca cansancio frecuente, fatiga y apatía. Una carencia de manganeso puede causar trastornos del crecimiento, cambios de humor o enfermedades de la piel. Por ello, es importante que estos metales estén presentes en el organismo en cantidades equilibradas. Pero, ¿qué ocurre cuando tenemos demasiados metales pesados en nuestro organismo? Una vez que los metales han entrado en el cuerpo, es muy difícil deshacerse de ellos. Se acumulan en varios órganos y pueden causar graves problemas. Tomemos como ejemplo el metal pesado hierro, vital para nosotros: La intoxicación por hierro suele manifestarse en trastornos del tracto gastrointestinal. Náuseas, vómitos, diarrea, dolor de estómago.

Sustancias tóxicas y pesticidas entran a nuestra agua potable debido a su uso en la agricultura industrial. El nitrato, por ejemplo, se convierte en nitrito en el organismo en determinadas circunstancias y forma nitrosaminas en el estómago. Estas nitrosaminas tienen un efecto cancerígeno en el organismo y a menudo se asocian con el cáncer de estómago.

Cuando los medicamentos o las hormonas se toman por vía oral, hasta el 90% de las sustancias activas se excretan sin cambios o en forma de productos de degradación y acaban en el sistema de alcantarillado. La mayoría de las sustancias activas son muy poco biodegradables. Nuestra red de abastecimiento de agua no está diseñada para filtrar esos microcontaminantes. Así que todos los días tomas medicamentos y hormonas que no necesitas y que pueden estropear tu cuerpo sano y causar grandes daños.

El agua potable es una sustancia básica vital para todo ser vivo. Necesitamos agua para mantener las funciones vitales del organismo. Para ello, tenemos que consumir cantidades relativamente grandes de agua. Cada día, un adulto pierde unos 2,5 litros de agua a través del sudor, la orina o la respiración. Debemos volver a ingerir al menos esta cantidad de agua, preferiblemente un poco más, para no deshidratarnos y poder excretar toxinas. Si cubrimos nuestras necesidades diarias de agua con agua del grifo, todas estas sustancias nocivas entran cada día en nuestro organismo y se acumulan en él. Así que, a la larga, las sustancias te ponen muy enfermo.

Además, no sólo consumimos todas estas sustancias a través del agua que bebemos, sino también a través de los alimentos que han sido saturados con esta agua, a través del contacto de la piel con el agua, por ejemplo con un baño en la playa, al ducharnos y lavarnos las manos.

¿Por qué tanta gente cree que el agua del grifo es buena y sana?

Los organismos responsables trabajan con los llamados "valores límite". Todo lo que esté por debajo del límite es bueno y todo lo que esté por encima es malo. Se supone que estos "valores límite" están científicamente probados pero en realidad son políticamente negociados. Si, por ejemplo, aumenta el valor de nitratos, se eleva el límite y volvemos a tener „agua sana“ nuevamente.

¿Dónde puedo conseguir agua "buena" para beber?

Conseguir agua potable de calidad no es tan fácil hoy en día. Desde luego, no sale de nuestras cañerías, e incluso el agua embotellada envasada dista mucho de ser saludable.

Si sigues inclinándote por el agua embotellada, recomendamos encarecidamente que compres agua en botellas de vidrio. Pero te puedes ahorrar el comprar botellas en el superemercado, llevarlas a casa y después deshacerte de ellas.

Por lo tanto, nuestra mejor recomendación es:

¡Un filtro de agua adecuado! Porque si no tienes filtro, ¡tú eres el filtro!

Y si quieres agua de un alto nivel de energía, agua estructurada o hexagonal, te recomendamos además un pequeño aparato que aremollina el agua como el Whirlator.

 

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